Граф Луканор правит Россией

Hace varios días leí la noticia de que en Rusia iban a despenalizar el maltrato familiar una vez al año. Si bien la noticia es impactante, necesitaba echarle un ojo para ver en qué medida ésto era verdad. Por lo tanto, corrí raudo a mi portal de noticias de confianza, Rusia Today. No, no es mi portal de confianza, pero su amarillismo me hace gracia, así que de tanto en cuanto le echo un ojo y me saca unas risas.

Resulta que esta ley no es una nueva ley, sino una modificación de una anterior, en la que estaban más castigadas este tipo de conductas. Antes, la agresión física estaba penalizada con la cárcel... y ahora sólo si se repite más de una vez en el espacio de un año y... en fin. Si bien esta modificación de ley es más que cuestionable y más que revisable, no estoy hablando de ella por eso, sino por algo mucho más importante y elevado. Algo para lo que debemos irnos atrás en la historia de Rusia. 

Tenemos que irnos hasta él




Hasta su época y su país. Durante el s.XIX, grandes cantidades de capital francés se invirtieron en las principales ciudades del extremo occidente ruso, las ciudades más pobladas e importantes, especialmente en Kiev, Moscú y San Pettersburgo. Ésto dio lugar a la creación del proletario industrial ruso, un personaje muy concreto que suponía la cristalización del hombre tradicional ruso unido a la nueva vida urbana bajo condiciones severas de explotación, ya que Rusia no contaba con un sistema democrático que permitiese la formación y organización de un movimiento obrero que garantizase una serie de derechos. o avances, como sí había en otros países como el Imperio Alemán, el Impero Austro-Húngaro, Italia, Francia, Reino Unido o incluso España.

Si habéis leído La madre, de Máximo Gorki, uno de mis libros favoritos, si no mi favorito, y una pieza imprescindible para comprender la naturaleza de la Revolución Bolchevique, entenderéis perfectamente la figura del proletario industrial ruso. Un hombre sometido a jornadas laborales de 14 horas cuya vida se limitaba a un bucle diario que consistía en levantarse, ir a la fábrica a trabajar, de la fábrica a la taberna y terminar volviendo a casa ebrio y pegar a su mujer e hijos como una herramienta para prorrogar su figura de autoridad un día más. La afición de los rusos por el alcohol y la violencia no viene de la nada.

Frente a esta clase explotada surgía una nueva generación, hija de estos obreros, muy formada ideológicamente y activa intelectualmente, que conformaría la avantgarde intelligentsiya sobre la que se asentaría la revolución.

Y ahora estamos volviendo a eso. Esta reviviendo una tradición enterrada por el progreso y rescatada por un líder que no se esfuerza por mostrar una ideología clara. El Imperio Ruso está volviendo culturalmente, y, parece que también en otros aspectos. El fraude electoral en Rusia es un secreto a voces, las distribuciones de votos en función de la población no sigue modelos normales e incluso se reconoció que, si no llega a ser por el fraude electoral, el partido comunista habría ganado las elecciones de 1992. Y es que el Imperio está volviendo, como era entonces. El gobierno responde a una contención de los movimientos internos, pero sin ideología. El Conde Lucanor gobierna Rusia, según lo que le parece mejor para su país simplemente porque es lo que le parece mejor, y se desmarca totalmente de la ideología política. Y no es el único. Ni el mejor. El que mejor ha sabido realizar esta función de líder desideologizado que guía a su pueblo según lo que considera mejor es él.




Si bien ahora es un momento muy concreto debido a la guerra siria y al aumento de las actividades del PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán), Erdogán ha sabido darle a los turcos lo que los turcos querían. La política turca, al igual que toda Turquía, llevaba 100 años envuelta en el kemalismo, un modelo muy muy progresista basado en cinco puntos principales: republicanismo, democratismo, nacionalismo, secularismo, estatismo y reformismo, que perseguía la creación de un Estado-nación moderno, democrático y secular, guiado por el progreso educativo y científico fundamentado en el Positivismo, el Racionalismo y la Ilustración. Mustafá Kemal Atatürk puso a Turquía en el presente después de una guerra mundial. Aunque a Atatürk se le venere en Turquía como el gran líder que fue, sus ideas han sido totalmente desechadas. Frente a una clase política laica, occidentalizada (y corrupta) que dirigía a un país en graves apuros económicos, surgió Erdogan. Un político abiertamente musulmán, al igual que el 96'1% de los turcos, que volvió a darle aire a la economía de su país y que volvió a darle a la religión una importancia que no tenía desde hacía un siglo.

En Turquía está renaciendo el otomanismo, la época de los imperios, la gloria pasada. Erdogan, Putin. Son líderes claramente conservadores, pero no así sus votantes, quienes responden más a unos perfiles de gente sencilla afectada por una mala situación que a una tropa de reaccionarios carlistas. Ambos han aprovechado el malestar de una parte importante de la población afectada por una situación que no terminan de comprender. Los que apoyan a estos políticos no buscan a su gran líder: a su Hehmet II, a su Pedro I, a un Churchill o a un Miterrand. buscan a alguien que solucione su situación. Como decía aquel viejo refrán comunista: el hombre lo que quiere es su pan.

Y ha aparecido alguien igual que ellos.




La elección de Donald Trump pilló a muchos por sorpresa. Yo me enteré según me levanté de la cama por un Whatsapp. ¿Qué les pasa a los americanos?, decía. La sorpresa entrecosida en el mensaje contrastaba con mi profunda credulidad frente a la situación. Tan solo pensé: Pues resulta que ha sucedido.

A los americanos no les pasa nada. Nunca han sido personas especialmente ideologizadas y las elecciones están empañadas por la aparición de celebridades pidiendo el voto para uno o para otro, donde puede salir elegido presidente un actor secundario sin mucha gracia o decidirse las elecciones por si el candidato te cae mejor o peor. Y ella caía muy mal. Pero él daba soluciones a una mayoría de la gente que solo quiere una vida mejor. Porque no es que les pase nada a los americanos, es EEUU la que está mala, y sólo buscan a alguien que la cure. Lo naif de la idea de un líder que simplemente se dedique a obrar en base a la bondad humana no casa bien con la saña del capital que Trump representa.

Ahora sólo falta esperar. Ver cómo van las cosas, cómo es la administración Trump. Yo sólo espero que vaya medianamente bien, por las parte que nos toca. En Europa Occidental tenemos un futuro un poco más oscuro, y veremos si se disipan o se fortalecen las oportunidades del Frente Nacional en Francia, De Alternative für Deutschland en Alemania y del Partido por las libertades en los Países Bajos. Mientras, la izquierda sigue buscando un remedio que no encuentra a un problema nueva que no se esperaba, el renacer de un nuevo fascismo en Europa. Pero ahora, de nuevo, sólo falta esperar.

Este texto fue escrito durante las navidades, por lo que es pertinente corregir un pequeño punto del último párrafo de la entrada. Simplemente añadiré: "Chincha rabiña, Partido por las Libertades de los Países Bajos".


Si durante la lectura se ha extrañado por alguna mayúscula, sepa que éstas obedecen en primer orden a la estética, y en segundo a las normas descritas por la RAE. Las imágenes tienen el fin de regar lo grave con absurdo. Se recomienda traducir palabra por palabra el título en caso de tener curiosidad por conocer lo que esconde.

Fdo: Iria Norge Ramsjet

3 comentarios:

  1. No conocía tu blog pero te puedo decir que me has conquistado entera por lo acertivo/a que eres. Gracias por esta entrada.
    Vengo de CJBL y me quedo a vivir en tu morada

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    1. Esta entrada en concreto no es mía, sino de un amigo que tiene dificultades buscándose un pseudónimo. Le transmito tus amables palabras.

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    2. Y yo la veo más blanca y marrón, pero aquí no discriminamos a daltónicos.

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